Petra Aguirre Urrutia, de 72 años, y Elvira Hernández, de 50, provenientes del municipio de Valerio Trujano, en la región de la Cañada, Oaxaca, aseguran que en la zona no hay mucho qué comer. Foto Octavio Vélez
Por: Octavio Vélez Ascencio
-Ya no son esclavos ni sufren azotes, pero aún tienen pocas oportunidades de desarrollo
Me siento orgullosa y no reniego de mi raza, dice una habitante de la localidad de Valerio Trujano
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Me siento orgullosa y no reniego de mi raza, dice una habitante de la localidad de Valerio Trujano
Lunes 10 de septiembre de 2012, p. 42
Valerio Trujano, Oax., 9 de septiembre. Los
más de 200 negros o afrodescendientes que viven en la región de la
Cañada –ubicada a 120 kilómetros de la ciudad de Oaxaca– pertenecen a
una clase pobre, con pocas oportunidades de desarrollo y,
paradójicamente, son discriminados por sus vecinos indígenas y por
policías federales o militares.
pero seguimos jodidos y discriminados. Ella es descendiente de aquellos esclavos traídos de África para trabajar en el trapiche de azúcar San Nicolás, establecido por los acaudalados españoles de apellido Güendulaín en el año de 1861 dentro de su hacienda.
“Nuestros abuelos se quedaron en estas tierras, pero no ha cambiado mucho. Ahora somos campesinos, pero seguimos en la pobreza, no hay mucho para comer y vivir. Por acá o cuando vamos a Cuicatlán (municipio cercano) todavía nos discriminan por el color, nos dicen ‘ahí va esa negra’ y no sé qué más, pero el indígena está igual de jodido”, asienta.
