Por: Nicolás Ramón Contreras Hernández
PRESENTACIÓN
la procesión del “jueves santo” de la Semana Santa en Tolú, es el símbolo cultural más representativo, como hipertexto de múltiples lecturas que se entrecruzan y conducen, a otros textos con diversos grados de complejidad, que serán leídos desde una hermenéutica de lo afrocaribeño, una categoría que ha de entenderse desde la premisa de varios estudiosos como Antonio Benítez Rojo o Fernando Ortiz, para quienes África como heredad cultural genérica del orbe, es el hilo conductor que encauza los demás aportes también culturales, que hacen del Caribe un meta archipiélago cultural[1], a la manera de un gran país de imaginarios o simbologías comunes por su regularidad, que trascienden las fronteras geopolíticas tradicionales, dejadas por las invasiones de conquista y colonización europeas desde el siglo XVI.
La semana santa toludeña, mirada por los demás imaginarios religiosos canónicos vecinos como un gran sacrilegio, en tanto que puede dar la sensación de corraleja, circo o carnaval, sólo tiene similitudes cercanas con las celebraciones del archipiélago filipino, donde la coincidencia cultural de las plataformas de madera para transportar a soberanos que tienen los asiáticos con respecto a América, permitieron reforzar la inclusión de una huella de contraculturación del Nuevo Mundo en el catolicismo judeocristiano occidental, señalada en los estudios de Germán Arciniegas y Manuel Zapata Olivella, destacando del primero, América en Europa una obra editada por editorial Suramericana, aportes que se complementan con referentes de la teología de la liberación, entendidos como hermenéuticas alternativas.