HISTORIA

Durante la colonización española, a principios del S. XIX, fueron traídos desde Ghana, Angola, el Congo y Sudán en calidad de esclavos, principalmente para trabajar en las minas de Potosí. Muchos de ellos no pudieron adaptarse a las condiciones climáticas y comenzaron a morir, principalmente las mujeres y los niños. Por este motivo, algunos colonizadores decidieron trasladarlos a los Yungas, zona con un clima parecido a sus países de origen, para que trabajaran en las plantaciones; cambiando así las minas, por campos de cultivo y el mineral, por café, coca y frutas.
Y los afrobolivianos que viven en Tocaña, son los descendientes directos, de esos esclavos.
A partir de la Reforma Agraria de 1952 a los afro les concedieron parcelas de tierra. Sin embargo, el Estado aún no los ha reconocido como una cultura genuina, como la aymara o la quechua, según la Constitución Política del Estado. Los pobladores de Tocaña, Ariza, Chijchipa y Mururata también quieren figurar en la Carta Magna y para ello buscan apoyo estatal y de instituciones amigas.
LOCALIZACIÓN
Una línea serpenteante, estrecha y sinuosa separa la ciudad de La Paz de Tocaña. Son 96 kilómetros. Para llegar a ese lugar se debe ir por la carretera de Caranavi hasta hallar un desvío en Mururata. Después de dejar atrás el río Coroico, se alcanza la cima del cerro, donde el pequeño pueblo termina de asentarse en el terreno tropical.Las casas se dispersan entre las numerosas sendas del alto de la cima que las alberga. Sólo la iglesia tiene su sitio definido al centro de la población. Allá no hay un solo hotel. Pero no es problema porque los mismos comunarios, por un módico precio, ofrecen acomodo al que se lo requiera.
Actualmente, la población cuenta con 41 familias. Muchas de ellas se dedican al cultivo de la tierra, siendo la coca su mayor producción. También cosechan plátanos y, en menor medida, café. Los mayores son los que están al cuidado de los cultivos, mientras que los jóvenes prefieren salir de la comunidad para estudiar o trabajar fuera.
La abuela Angela es una de las habitantes más antiguas de Tocaña. Con ochenta años sobre la espalda, ella aún trabaja como si fuera una joven.(foto)
CULTURA Y TRADICIONES
La comunidad ha dejado de llamarse afroboliviana, para llamarse afrodescendiente. Vive un proceso de reconocimiento de sus raíces. Mira a sus ancestros de África. Y no sólo ha recuperado su danza, la saya, sino también su artesanía, la vestimenta y la arquitectura.
