Por: Eudes Toncel Rosado
Mis radicales amigas brasileras, con sus campañas contra el racismo en Brasilia, me han suscitado un debate sobre ciertas formas de la discriminación por raza que nosotros hemos naturalizado en nuestro contexto nacional.
Se trata de un debate localizado sobre la idea de criticar la producción estética de ciertos estereotipos de belleza que ponen a las mujeres de pelo apreta’o, ñongo, malo, 8.888, es decir… Ni liso, ni europeo, ni rubio, ni blanco, ni hegemónico, en el espectro de la fealdad, lo horroroso, lo menos simpático. Es entonces cuando se desencadena un proceso de estiramiento del pelo que sintetiza una idea sobre el racismo estructural, minimizando los impactos de otras formas más agresivas de discriminación.
Una retahíla larga para decir lo que alguna vez escuché de una manera más simple: “estas negras tiene las ideas alisadas igual que el pelo”
Algunas cosas que decimos, en su dimensión política de discurso, expresan el estereotipo en su máxima expresión; esas cosas que decimos están impregnadas de un claro carácter subjetivo, y en ellas se exhibe nuestra percepción sobre las expresiones estéticas de los otros.







