Fuente: http://www.lajiribilla.cu/2011/n533_07/533_07.html
Prólogo a EL ENGAÑO DE LAS RAZAS
Por: Roberto Fernández Retamar
La Jiribilla
En alguna parte de su vastísima obra, contó don Fernando Ortiz que una persona, en su niñez, le había dicho que Martí parecía blanco por fuera, pero por dentro era negro. En mi niñez yo escuché decir lo mismo, solo que en esa ocasión con referencia al propio Ortiz. Ambas observaciones tenían intenciones denigratorias, pero hubieran dejado impertérritos a los aludidos. Pues ninguno de los dos, sencillamente, creyó que existieran razas. La primera cita de este formidable libro es de las palabras que Martí estampó en su texto definitivo “Nuestra América”: “No hay odio de razas, porque no hay razas”. Cuando tales palabras fueron impresas, al alborear el año 1891, debieron parecer bien escandalosas. Pues a la sazón el mundo, presto a ingresar en la etapa imperialista, conocía un racismo delirante que llegó a contaminar a pensadores positivos en otros órdenes. Incluso habían aparecido supuestas ciencias que abonaban a favor de lo que no era más que un prejuicio esgrimido por los opresores. Como se dice con toda claridad en este libro de Ortiz, el término/concepto “raza” no existía antes de la llegada, en el siglo XV, de europeos al África negra y luego a lo que aleatoriamente iba a llamarse América. La feroz rapiña que siguió a esa llegada, y sería imprescindible para la edificación del capitalismo, es decir, el mundo occidental, llevó a forjar aquel término/concepto de “raza” tomado de la zoología, lo que es elocuente. Más de medio milenio después, las aventuras del racismo han sido (y por desgracia son aún) una de las mayores sinvergüencerías de la historia. Hoy mismo, cuando la explotación de los países del Sur está provocando masivos traslados de sus pobladores a las naciones explotadoras del Norte, en estas se han desenfundado las viejas armas del racismo.
Es un acierto de la benemérita Fundación Fernando Ortiz volver a publicar este libro. Precisamente 2011 ha sido llamado por la Organización de las Naciones Unidas “Año de los afrodescendientes”. Y aunque la denominación no sea la más afortunada (pues todos los seres humanos somos afrodescendientes, ya que el Homo Sapiens surgió en África), sirve para rendir homenaje a una de las comunidades más explotadas y más creadoras de la historia.