Fuente: http://www.aporrea.org/internacionales/a127348.html
Por: Ninfa Monasterios
La “crisis alimentaria”, estimulada y generada por este insano sistema de distribución de los recursos, tiene una expresión dantesca en varios países del continente africano. Son millones de personas que están en riesgo de muerte (y mueren) por hambre, en un mundo en el cual hay excedentes alimenticios a pesar de las sequías, inundaciones, plagas u otras contingencias, que han mermado la producción. Pero, el mercado, las bolsas de valores y los intereses financieros de quienes manejan el mundo a su antojo, definen esta desigualdad, avalada por el silencio cómplice de muchos y muchas, pero denunciada, alertada y condenada por otros miles que levantan su voz contra el sufrimiento de estos pueblos.
Surgen, entonces, estrategias para mitigar los efectos del hambre. La cuerda, es una de ellas. Una cuerda, atada a nivel del estómago para que acalle la falta de fe y de comida, para que ate las horas sin alimentos ni bebidas, para que amarre las ganas de gritar por tanta injusticia y para que el sufrimiento parezca menos.
La cuerda es un recurso. Seguro quisieran ponerla en otros cuerpos, menos castigados y quizá hasta muy celebrados, por allí…a nivel del cuello…pero, ¿cómo podrían? Si su miseria, su desgracia, su debilidad y su desesperanza están tan lejos de quienes les someten a estos atropellos…