Fuente: http://www.decolonialtranslation.com/espanol/pierre-djemila-dominique-y-mohamed.html
de Houria Bouteldja, Portavoz del PIR (Partido de los Indígenas de la República)
¿Cómo podría explicaros a vosotr@s l@s blanc@s que no me queda otra solución? Me encuentro en una encrucijada y el viento me empuja hacia l@s mí@s. Estoy obligada a solidarizarme con los hombres. ¿Cómo explicar esto a las mujeres blancas? Y sobretodo a las feministas. Ellas que han luchado para que sea admitida la necesidad de los grupos no-mixtos para hacer surgir el feminismo como proyecto político.
Soy una mujer. Y no cualquiera. Y mi solidaridad no se la debo a cualquier hombre. Soy indígena y mi solidaridad la propongo a los hombres de mi condición. A los de mi comunidad. Porque esta solidaridad, si no la asumo, acabará por alcanzarme y se impondrá a mí, lo quiera o no.
¿El caso DSK podría ayudarme? Pero antes de hablar de eso, voy a contaros un recuerdo de adolescencia. Un tele-film : Pierre y Djemila. Él es guapo, enamorado, atento. Blanco. Ella, guapa, enamorada, aterrorizada por su familia. Árabe. Esta película se dirigía a mí, a la hija del emigrante. Me hablaba. Me decía cuán detestable era mi familia y cuánto me respetaba la sociedad francesa. Una película que me alejaba de l@s mí@s y que me hacia olvidar que mi padre, varón, por supuesto, también era un zoufri (obrero) argelino, un explotado, que tenía dificultades para mantenernos, y que mi madre era una esposa de inmigrante y que nos sacaba hacia adelante con dificultad. La película me explicaba a mí, a la hija de mis padres, que ellos me trataban mal y que sólo me quedaba una escapatoria: alejarme de ellos.
Al principio, creí en esta eterna mentira que te sigue por todos lados, que se filtra por todos los poros y que se incrusta en tu piel. Y más tarde dudé de que fuera verdad y finalmente, no me la tragué. Pero habría podido creérmelo, como tantas otras chicas. Seguramente que, siendo la adolescente que yo era, ya había beneficiado de la experiencia de las hermanas mayores las que (a menudo) se han estrellado con el espejismo del príncipe azul blanco. Un maleficio que les ha salido caro: ruptura familiar, estigmatización de sus madres, acusadas de ser culpables por haber “mal educado” a sus hijas, la vergüenza que repercute sobre tod@s como también la culpabilización, y por si no fuera bastante, la mala reputación...