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jueves, 28 de julio de 2011

MANUEL PIAR: EN LA FICCIÓN-REALIDAD DE HERRERA LUQUE

Fuente: http://www.aporrea.org/actualidad/a127444.html

Por: Ramón E. Azócar A.*
Fecha de publicación: 28/07/11

Francisco Herrera Luque (Caracas, 1927-1991), no sólo fue uno de los grandes ensayistas y novelistas del siglo XX en Venezuela; fue también, un provocador de oficio. Valiéndose de su conocimiento científico en las ciencias médicas, era psiquiatra, anduvo averiguando historias y concatenando juicios, hasta reflejar, ampliamente, vidas y situaciones de nuestra historia que hoy por hoy se vuelven vigentes ante tanta remembranza al pasado heroico de nuestro país. Uno de los textos, publicado en 1987, fue “Manuel Piar: caudillo de dos colores”. En 283 páginas, el autor proyecta la vida de quien siempre brilló como una sombra en la existencia del Libertador, no tanto por su fusilamiento, aún muy controversial, sino por el dolor que tal decisión causó en Bolívar: “¡He derramado mi sangre!”

Manuel María Francisco Piar, había nacido en Willemstad, Curazao, el 28 de abril de 1774; se dice, hay varias versiones acerca de su origen, que era hijo de Fernando Alonso Piar, un piloto mercante español originario de las Islas Canarias y de Mary Isabel Gómez, una curazaoleña esclava; que tuvo dos hermanos: Michael y John; que se casó con María Boombonbun, en 1798. A pesar de estos datos, acerca de su vida se ha tejió muchas leyendas, hasta una que lo hacía provenir de la unión secreta entre un príncipe de la Casa Braganza de Portugal, y una mantuana caraqueña de la familia Jerez Aristeguieta, llamada Belén. Herrera Luque, en un ensayo posterior, analizando un tanto la vida de Piar, lo describe como un hombre de procedencia humilde y perteneciente a la casta de los pardos, que debió formarse dentro de las limitaciones impuestas por la sociedad colonial; con un espíritu autodidacta, adquirió una sólida cultura, llegando a dominar varias lenguas (holandés, español, japonés, francés, inglés, papiamento de su isla natal, el patois o creole de Haití, y el guienés, lengua africana hablada en Curazao entre los esclavos).