martes, 8 de febrero de 2011

EDOUARD GLISSANT, POR ANDRÉS BANSART

El 3 de febrero de 2011, se nos fue uno de los gigantes de la literatura caribeña: Edouard Glissant. Cuando una persona cercana se va, brotan los recuerdos. Glissant está cercano a todos nosotros por una razón u otra, de una u otra manera. Estaba y sigue cerca de todos nosotros gracias a su fuerte personalidad y a una obra que casi todos nosotros leímos, seguimos leyendo y seguiremos leyendo.

El hombre

Conocí a Glissant cuando estaba dirigiendo la revista El Correo de la Unesco. Lo encontré varias veces en su oficina de la rue Bonvin, en París. Iba de vez en cuando a conversar con René Depestre, que era adjunto del Director Amadou Mahtar M’Bow. Luego, de la rue de Miollis pasaba, por dentro del edificio de la UNESCO, hasta la calle Bonvin a la oficina de Edouard Glissant.



Volví a encontrarlo en la Bienal Internacional de Poesía que se realizó en 1984 en la ciudad de Lieja (Bélgica). El tema del evento era “Poesía e informática. ¿Conflicto o convergencia?”. Tituló su intervención Para una “Poética de la Relación”. Poética de la Relación iba a ser el título de uno de sus más famosos libros en 1990. En su ponencia declaró: “El científico, el técnico, que hoy no tienen la obsesión de esta necesidad de compartir de manera planetaria sus conocimientos, son ciegos, el poeta, que no vive del estremecimiento del mundo, es un lisiado”.

Luego, fue en el Caribe donde tuve el gusto de encontrarlo de nuevo varias veces. Fue en Guadalupe, en Martinica y, la última vez, hace ya demasiado tiempo, en la Feria del Libro de la República Dominicana. Allí, en Santo Domingo, estaba acompañado de su esposa y de su hijo que, en la época, tenía ocho años. Estábamos alojados en el mismo hotel. De este modo, cada día, nos desayunábamos en una misma mesa y salíamos juntos para la Feria u otras actividades. Recuerdo cómo admiraba el número impresionante de niños que se encontraban cada día en esta Feria del Libro. Se alegraba de aquello.

Íbamos charlando, caminando en la Feria o en las calles. En una oportunidad, los organizadores del evento nos llevaron a una casa fuera de la ciudad, en un lugar muy hermoso en una colina. Compartimos con la gente del lugar una suculenta cena y escuchamos música dominicana.

Después de presentar mi ponencia en un coloquio, los asistentes me hacían preguntas. Mientras estaba hablando, veía a Edouard Glissant sentado en el fondo de la sala, escuchando el debate. Tenía la gentileza, el respeto y la humildad de estar presente en todas las actividades, y escuchaba. Viéndolo allí, en la última fila, me dio pena dar opiniones sobre un tema del cual él era al mismo tiempo uno de los principales protagonista, un inmenso protagonista, y un experto muy lúcido. Propuse que subiera al podium. Lentamente, atravesó la sala y se sentó frente al público. Era muy grande e imponente.

Se sentó y la gente empezó a hacerle preguntas en español. Una señora traducía las preguntas y las repuestas. Pero, a cada rato, rectificaba gentilmente lo que decía la persona que se había ofrecido como intérprete. “No es lo que quiero decir” y repetía en francés lo que acababa de expresar. Su pensamiento es profundo y no es dado a todo el mundo interpretarlo, sobre todo en una traducción casi simultánea. De repente, para que sus ideas no fueran mal interpretadas, empezó a hablar en español, o, más bien, en una mezcla de español, italiano, francés y portugués que todo el mundo iba entendiendo. Por que, además de la Palabra, su misma presencia y sus amplios gestos hacían entender a todos lo que explicaba. El espectáculo era fascinante.

En la noche, cuando nos reunimos para cenar en el hotel, su esposa comentó: “Cuando Edouard entró en la habitación, al regresar de la Feria, lanzó: ‘¡Pronuncié mi primer discurso en español!’. Estaba contentísimo.” Efectivamente, todo el mundo había sido subyugado.


Su vida

Edouard Glissant nació el 21 de septiembre de 1928 en Bezaudin, una aldea situada en las alturas de Sainte-Marie, “uno de los lugares de la Martinica donde se conservan más vivas las tradiciones populares”. Estudió en el liceo Schœlcher de Fort-de-France donde el también poeta Aimé Césaire había sido alumno y era profesor. Luego, estudió filosofía en La Sorbona y etnología en el Musée de l’Homme. Obtuvo el Doctorado de Estado con una tesis titulada Le Discours Antillais. En 1981, el “Discurso antillano” se publicó en francés, luego lo fue en muchos otros idiomas. Desde aquel entonces, este texto se ha convertido una referencia teórica fundamental para la mayoría de los investigadores caribeños (no solamente para los que exploran la literatura, sino para todos los que estudian la diversidad étnica, cultural o lingüística del Caribe).

En su juventud, Glissant admiraba profundamente al médico martiniqueño Frantz Fanon (1925-1961), autor del famoso libro “Piel negra, máscaras blancas” (1952) y luchador a favor de la independencia de Argelia. El militante Edouard Glissant tuvo la obligación de exiliarse en Francia y la prohibición de regresar a Martinica. Firmó el Manifiesto de los 121 y fue miembro del efímero Front antillo-guyanais pour l’indépendance. De vuelta a su isla natal, en 1965, creó el Instituto Martiniqueño de Estudios, un establecimiento en el cual la enseñanza quería adaptarse a la realidad cultural, social y política del Caribe.

Fuera de su vida como escritor -aunque no se pueda separar vida y obra- fue director de la publicación El correo de la Unesco (entre 1982 y 1988), una revista editada de manera simultánea en decenas de idiomas, después de crear, en abril de 1971, la revista Acoma en la editorial Maspero. Consideraba esta última como una “herramienta de investigación” sobre “la perspectiva de inserción de la Martinica en un contexto caribeño”.

A partir de 1989, fue profesor en distintas universidades estadounidenses, como la de Baton-Rouge, capital de la Louisiana y segunda ciudad más grande después de la Nueva Orleans, una tierra empapada de sangre esclava y rica de aportes afrodescendientes. En 1995, fue nombrado “distinguished professor” de la City University of New York. Después de haber creado en Martinica un centro de investigación y formación, fundó en París, en 2007, un Instituto del Todo-Mundo, retomando su visión de la “mondialité” (la mundialidad opuesta a la mundialización) y desarrollando su concepto del Tout-Monde. Este instituto tiene como objetivo definir “la extraordinaria diversidad de las imaginaciones de los pueblos”.

El mismo día de su muerte, nuestra amiga la escritora Nancy Morejón expresó lo siguiente: “Edouard nos hará falta siempre, pero estamos seguros que su obra, su trayectoria y su pensamiento nos traerán la luz que necesitamos en esta eternidad que nos dejó como regalo: el reconocimiento de un universo complejo, mestizo, diversificado que llamó el todo mundo frente al que encontraremos sin cesar la tierra, el fuego, el agua y los vientos que le llevarán hasta la orilla de las playas de Sainte-Marie, entregado a la sabiduría popular, a la generosidad del Mar de las Antillas, a la sombra de los árboles de Acoma.” (La Habana, 3 de febrero de 2011)


Su obra

Cuando, en 1956, salió publicada su primera novela, La Lézarde (nombre de un río de Martinica), esta obra fue inmediatamente reconocida como un acontecimiento literario excepcional. En aquella circunstancia, el crítico Albert-Marie Schmidt escribía: “Creo poder declarar, sin riesgo de equivocarme, que esta novela es una obra maestra”. De este libro, que recibió el Premio Renaudot, se dijo entonces: “Cuenta mucho más que la historia de un asesinato: es el testigo del surgimiento frente al mundo de la palabra antillana, la génesis de un lenguaje”.

Defensor elocuente de la diversidad y el mestizaje, poeta, novelista, dramaturgo y ensayista -o, mejor dicho, filósofo-, Edouard Glissant fue el creador del concepto de “créolité”, así como el concepto de “antillanité” (que quizás podríamos traducir por el neologismo “caribeñidad”). Es el autor de la teoría de la Relación. Hizo un uso político de la geografía y la Historia del Caribe, manifestándose contra todas las formas de racismo. Siempre recordó la llaga de la esclavitud y mostró la marca indeleble de la estrecha relación entre el Caribe y Africa. Agrupó en la serie Poétique (“Poética”) su tesis sobre la “Filosofía de la Relación” y la “Poética de la diversidad”.

A propósito de la novela Tout-Monde (1995), presentando a los múltiples personajes dice: “Son la sal de la Diversidad. Sobrepasaron los límites y las fronteras, mezclan los lenguajes, realizan una mudanza de las lenguas, arrastran, caen en la locura del mundo, se ven rechazados y excluidos de la potencia del Territorio, pero son ellos la misma tierra, van delante de nosotros, ven, lejos adelante, este punto fijo que otra vez habrá que sobrepasar.”

Mantenía relaciones a la vez respetuosas y conflictivas con Césaire. También manifestaba “su preocupación por la filiación literaria a través de escritores y discípulos como Patrick Chamoiseau, Raphaël Confiant o Ernest Pépin” (Le Monde, 4 de febrero de 2011). De este modo, el Caribe y, específicamente, Martinica tiene inmensos creadores y también un relevo prometedor. La relación entre estas tres generaciones de escritores muestra la independencia y la originalidad de cada uno, pero una tradición que se va enriqueciendo.

Las novelas de Edouard Glissant, desde Quatrième siècle (1964) hasta Ormerod (2003), están orientadas “hacia un mundo imaginario y místico, lejos de todo naturalismo, sin embargo al mismo tiempo pintoresco propio a ciertas novelas caribeñas”. No le cabía duda a Glissant de que el Caribe, fragmentado y torturado, es un cruce de razas y civilizaciones. En el libro de poesía titulado Un champ d’îles “Un campo de islas” (1953), expresaba ya su conciencia insular y la necesidad, por parte de cada una de las islas, de abrirse a las demás. Todas ellas -a su juicio- deben unirse para brillar, “soles apagados en la cabellera del sol verdadero”.


Prof. Andrés Bansart
Presidente de la Asociación Venezolana de Estudios del Caribe (AVECA)



Bibliografía de Edouard Glissant en castellano

Ensayos:

Introducción a una poética de lo diverso (1995) Barcelona: Editorial Del Bronce, 2002.
Faulkner, Mississipi (1996) Madrid: Turner/Fondo de Cultura Económica, 2002.
Sol de la conciencia (1956) Madrid: Editorial El Cobre, 2004.
El discurso antillano (1981) Caracas: Monte Ávila Editores, 2005 (Traducido por nuestras colegas Aura-Marina Boadas y Amelia Hernández).
Tratado del Todo-Mundo (1997) Barcelona: Editorial El Cobre, 2006.

Poesía:

Fastos y otros poemas (Selección y traducción de la escritora cubana Nancy Morejón) La Habana: Casa de las Américas, 2002.

Novela:

La Lézarde (Traducida bajo el nombre de “El Lagarto”) La Habana: Arte y Literatura, 1980 y Barcelona: Editorial Del Bronce, 2001.


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Invitación
El día lunes 21 de febrero, la Asociación Venezolana de Estudios del Caribe y el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos realizarán una mesa redonda como homenaje a Edouard Glissant. Este evento se efectuará en el mismo CELARG en Altamira a una hora que todavía está por determinar.

1 comentario:

  1. Interesante lectura, gracias. Profesor Bansart fuí estudiante de la USB en el 1986 y valoro mucho la inspiración recibida hacia la cultura en general. En este momento vivo en Zurich. Le seguiré la pista, a ver que mas encuentro escrito por Ud. Me gustaría leer sobre el Caribe. Espero que esté muy bien. Maria Eugenia Velasco

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